Una
vez llegado a las puertas del Jebel en un coche, se alquilan unos dromedarios
que nos servirán como animales de carga ya que hay que transportar
todo lo necesario para los días de travesía. Recorrer
este autentico macizo Sahariano, en el que encontramos alturas máximas
de 2.700 metros, no solo es descubrir los grandes espacios de las inmensidades
casi desérticas o los reparadores oasis cargados de palmeras,
también supone adentrarnos en una forma de vida que se encuentra
prácticamente extinguida en el mundo: el nomadismo.
“Nuestro
guia nos hace una señal para que dejemos libre el camino, se acerca
una familia nomada. Ante nuestros sorprendidos ojos van apareciendo,
primero, las mulas cargados con coloridos bultos entre los que asoman
toda clase de enseres domesticos: cazuelas, barreños, bombonas de gas,
mantas, alfombras...; tras estas y sin carga alguna 4 o 5 dromedarios
muy jóvenes, probablemente
nacidos
este mismo año, les siguen 2 grandes dromedarios portando una variopinta
carga: sobre sus espaldas se extiende de lado a lado una gruesa tela
negra que por su aspecto solo puede ser la tienda nomada, la haima,
en los costados cuelgan de 8 a 10 cestas de cuero por las que asoman
las cabezas de corderos muy jóvenes y en la parte superior, cerca del
cuello viajan, atadas por un cordel a su pata, 2 gallinas de aspecto
tranquilo y tras ellas, en lo mas alto del bulto en que se han
convertido
las espaldas del dromedario, asoman 3 cabezas de sendos chiquillos de
menos de 1 año de edad que nos observan sorprendidos...”.
Después
de la travesía montamos la jaima y disfrutamos de la noche en
el desierto.
